29 may. 2010

Lo absurdo del pensamiento ateo: La incoherencia

 

Nuestros tiempos. En nuestra limitada perspectiva vivimos enganchados a sus invisibles correas creyéndolas estable salvavidas al que asirse y ciegos a la prisión sofocante que suponen. Nuestros tiempos, con todos sus preceptos y conquistas, arrasan con soberbia todo aquello que intente alzar su voz contra lo establecido. Y así, la “avanzadilla” de la civilización establece alto y claro que para ser considerado respetable, uno ha de imbuirse de secularidad hasta la médula. Hay que rendir a la ciencia pleitesía y confiarle las grandes preguntas, porque todo habrá de rendirse tarde o temprano al maravilloso espíritu inquisitivo del hombre. El conjunto de la realidad que nos envuelve la reclama la ciencia para sí.

Todo es “naturaleza” y objeto del estudio de la ciencia: El universo, la vida, el hombre, el intelecto y la consciencia. Pero esta afirmación naturalista está abriendo un abismo que la todopoderosa ciencia es incapaz de salvar.

El hombre es la única criatura de todo el universo que sabe que “está” y se pregunta “por qué está”. Loren Eiseley lo llamaba “huérfano cósmico”. Este galardonado antropólogo, escritor científico y ecologista, autor del libro Darwin´s century, concluyó que la ciencia no podía contestar todos los misterios de la existencia.

 

El pensamiento ilustrado aseguraba estar prestando un gran servicio a la raza humana librándola de los grilletes de la religión, pero su propuesta de buscar respuestas excluyendo a Dios de la ecuación, desemboca en una realidad oscura, terrible y sin sentido. Hoy, el hombre, con todos sus avances y sus logros, no es más que un subproducto accidental del devenir continuo de la materia. “Está”, de momento, pero podría muy bien “no haber estado nunca”. De vernos obligados a adjudicar al ser humano un padre, estos serían el azar y el tiempo. Vacíos, impasibles. Algún día se extinguirá también en el proceso natural y no importará más que la desaparición del rinoceronte lanudo. Más aún, es el mismo universo el que muere poco a poco en su expansión continua. Inexorablemente se irá enfriando y agotando su energía y nada quedará de luz, calor o vida.

Está claro, que el hecho de que algo no nos guste no lo hace menos verdadero de ser cierto, y los ateos más sesudos, en un alarde de coherencia al menos teórica, admiten que no les hace la menor gracia la realidad así planteada. Pero no parecen dar el siguiente paso a la asimilación de las consecuencias de sus premisas. Así, aún admitiendo la ausencia de sentido y de propósito a la existencia del hombre, toman prestadas miras y objetivos, más propios de un planteamiento espiritual que en absoluto les corresponde y que resultan absurdos en un mundo producto de procesos exclusivamente naturales y determinado exclusivamente también por ellos. Puedo respetar una visión del mundo en tanto en cuanto el resto del discurso sea congruente con sus propuestas de base. Pero, ¿puede el ateo vivir coherentemente con su visión del mundo?



 

El planteamiento de Christopher Hitchens es una tirita sobre una amputación. Se aferra al autoengaño de la búsqueda de un concepto (la libertad) que no tiene posibilidad de existir en una cosmovisión determinista, para responder a una necesidad de sentido, que tampoco existe.

Tal vez negando a Dios, estamos negando los imperativos más esenciales del ser humano a los que resulta imposible dar la espalda. Tal vez matando a Dios, estamos matando lo que nos subraya como especie.




3 comentarios:

  1. Muy bueno... te invito a que sigas mi blog.
    devarlogos.blogspot.com

    ResponderEliminar
  2. Lo absurdo del pensamiento religiosos el lo simplista e insignificante que llega a hacer la existencia de los seres humanos, una vez asimilado nuestro insignificante estado en esta realidad, a lo mejor, y sólo a lo mejor podriamos llegara tener esa humildad y modestia que tanto se echa de menos en nuestra especie antropocentrica. El reto de la "nada" es muchissimo mas apasionante y realizador que la espera de una "recompensa" banal de rios de miel y vino. Lo siento mucho amigo.Discrepo totalmente de tu articulo.

    ResponderEliminar
  3. ¿El reto de la nada? ¿Es eso uno de los eufemismos y frase hecha llena de triunfalismo pomposo, en un intento de dar algo de interés a una creencia en el sinsentido y la dictadura del azar? Amigo, no hay reto alguno en la nada. De hecho, no hay reto alguno en el pensamiento ateo. Nada que cambie nada. Sólo cabe el conformismo. Coincido, no obstante contigo, en que a la especie humana le falta modestia, pero veo mas la soberbia en la postura del no creyente que en aquellos que luchan por seguir unas pautas que consideran provienen de su Creador.

    ResponderEliminar