2 jul. 2011

Un análisis del problema del Mal, por W. L. Craig.

 

El problema del mal y el sufrimiento en el mundo es la más poderosa objeción a la existencia del Dios. Sea consecuencia de desastres naturales o a resultas de la acción del hombre contra el hombre, hemos de admitir que, dada la profundidad y extensión de este sufrimiento, es difícil creer en un Padre. El sufrimiento parece ser evidencia contra la existencia de Dios.

Al abordar un tema de tan importante carga emocional, hemos de diferenciar primero entre el problema intelectual y el emocional del sufrimiento.

El problema intelectual del sufrimiento se centra en deliberar si es plausible el hecho de que Dios y el mal en el mundo puedan coexistir. El problema emocional se refiere al disgusto de la gente al contemplar un Dios que permite el sufrimiento. Es importante que mantengamos las dos versiones del problema bien diferenciadas, pues la respuesta al problema intelectual aparece como seca e indiferente a aquellos que lo viven desde un punto de vista emocional. Del mismo modo, para los que plantean el problema desde un punto de vista intelectual, la respuesta al problema emocional les resulta superficial y no satisfactoria.

Para la mayoría de la gente, el terrible sufrimiento en el mundo no supone realmente un problema intelectual, sino un problema emocional. Su negación de Dios no procede tanto de la REFUTACION como del RECHAZO. Simplemente no pueden aceptar un Dios que permita el sufrimiento.

Hemos de abordar primero el problema desde una óptica meramente intelectual para poder demostrar que el problema del sufrimiento es realmente de corte emocional y falla como prueba de la no existencia de Dios.

Dado que en esta ocasión, estamos contemplando el hecho del sufrimiento como una posible evidencia a favor del ateísmo, es el ateísmo por ello, sobre el que recae “the burden of proof” (la carga de la prueba). Son ellos los que afirman que la coexistencia de Dios y el sufrimiento supone un problema, y son ellos, pues, los que han de argumentar su afirmación.

Esto es importante, porque con demasiada asiduidad, el ateo deposita la carga de la prueba sobre los hombros del creyente, diciendo cosas como “Dame alguna buena explicación de por qué Dios permite el sufrimiento”, y limitándose después a situarse en el cómodo sillón del juez espectador asumiendo su papel de escéptico ante cualquier posible respuesta ofrecida y sin molestarse en probar nada en absoluto.

Bien, esto puede ser una inteligente estrategia en un debate, pero es filosóficamente ilegitima e intelectualmente deshonesta. Los ateos proponen que la existencia del sufrimiento en el mundo, de alguna manera va en contra de la existencia de Dios. Son ellos pues, los que han de cargar con la tarea de argumentar de un modo valido y plausible, por qué es así. Ahora es el turno del creyente para tomar el papel del escéptico.

El problema intelectual del mal

El problema en la perspectiva intelectual se plantea desde dos versiones. La versión lógica intenta demostrar que la coexistencia de Dios y el sufrimiento es lógicamente imposible. La versión evidencial intenta demostrar que la coexistencia de Dios y el sufrimiento son altamente improbable. ¿Qué versión del problema apoya el ateo? ¿Se argumenta que es imposible que Dios y el sufrimiento puedan coexistir o que es improbable?

El argumento lógico ateo afirma que los conceptos “”Dios” y “sufrimiento” no pueden existir juntos. Si uno es real, el otro no lo es. Dado que la existencia del sufrimiento es algo obvio, se concluye que Dios no existe.

¿Pero son realmente Dios y el sufrimiento lógicamente incompatibles? ¿Por qué pensarlo? Después de todo, no hay una contradicción explicita en la medida que un concepto no es la negación del otro. Si el ateo piensa que hay alguna contradicción implícita escondida es porque el mismo debe estar haciendo ciertos escondidos supuestos. ¿Cuáles son? Básicamente, son dos.

Si Dios es todopoderoso y amoroso, entonces puede crear cualquier mundo que El desee, y desearía crear un mundo sin sufrimiento. Así pues, debería poder y querer crear ese tipo de mundo.

Pero, ¿son esos supuestos obligatoriamente válidos? Para que lo sean, ambas ideas han de ser verdaderas. ¿Lo son?

Analicemos el primer supuesto que afirma que Dios puede crear cualquier tipo de mundo que desee. ¿Es así necesariamente? No si es necesaria la existencia del libre albedrío. Es lógicamente imposible obligar a alguien a hacer algo libremente. Es tan ilógico como un soltero casado o un triangulo circular. El hecho de que Dios sea todo poderoso, no implica que pueda crear algo lógicamente imposible. Lo lógicamente imposible no existe. Si el ateo insiste en que Dios, al ser omnipotente, puede traer a la existencia algo lógicamente imposible, y hacer que exista, está entonces bombardeando su propio argumento. El problema del mal se evaporaría al momento, pues entonces Dios puede también hacer que ambos, Él y el problema del sufrimiento coexistan, incluso aunque eso fuera lógicamente imposible.

Así pues, si para que el ser humano disponga de libre albedrio se hace necesaria la posibilidad de que el hombre no acepte a Dios, hay un numero de mundos posibles que Dios no puede lógicamente crear. Puede incluso que tener este mundo que vivimos de libre albedrio con todo el bien que observamos en el nuestro, implique al mismo tiempo aceptar la misma dosis de sufrimiento que padecemos.

Esta conjetura muestra que, sea verdadera o no, a nivel lógico es posible afirmar que no es necesariamente verdad el hecho de que Dios pueda crear cualquier mundo que desee, con lo que el primer argumento queda invalidado.

El segundo supuesto ateo afirma que si Dios es amor prefiere un mundo sin sufrimiento. ¿Es necesariamente verdad? Dios podría tener razones primordiales para permitir el sufrimiento en el mundo. Todos conocemos casos en los que permitimos el dolor para producir un bien mayor. El ateo insistirá entonces en que un Dios todo poderoso podría traer el bien directamente sin tener que hacer una “escala” en el dolor. Pero de nuevo, el libre albedrio puede suponer un problema. Hay “bien”, como virtudes morales, que pueden solo lograse a través de la colaboración libre de las personas, y pudiera ser que un mundo con sufrimiento tuviera un saldo en la balanza mejor que un mundo sin sufrimiento. En cualquier caso, es al menos posible que Dios, con unas intenciones especificas, haya preferido permitir el sufrimiento.

El resultado es, que los dos supuestos en que se apoya el ateo para negar la coexistencia de Dios y el sufrimiento a nivel lógico no quedan validados.

En realidad, podemos ir más lejos y afirmar que Dios y el sufrimiento son lógicamente consistentes. Veamos por ejemplo las siguientes premisas.

§ Dios no pudo haber creado otro mundo que contuviera el mismo bien pero menos sufrimiento.

§ Dios tiene buenas razones para permitir el sufrimiento que existe.

Dada la libertad humana, las opciones que Dios pudiera barajar a la hora de traer al mundo a la existencia, estaban pues restringidas, y pudiera darse el caso, que un mundo que albergara el mismo bien que el que tenemos pero menos sufrimiento, no fuera un opción posible. Si esta afirmación es, al menos posible, (que lo es) se deduce que es posible que Dios y el sufrimiento coexistan.

La buena noticia es que, finalmente, tras siglos de discusión, la versión lógica del problema del mal y el sufrimiento ha sido cerrada. Está ampliamente admitido tanto por filósofos ateos como teístas que la objeción de la lógica ante el problema falla, la carga de la prueba es demasiado grande y no se puede argumentar con éxito que la existencia de Dios y el sufrimiento sea imposible.

Pasemos ahora al problema evidencial, que en cambio se encuentra muy presente en nuestros días. Aquí, los ateos dicen que la existencia del sufrimiento en el mundo hace improbable que Dios exista. En particular, ven altamente improbable que Dios pueda tener razones para permitir el sufrimiento en el mundo. Mucho del sufrimiento parece ser insulso e innecesario. Dios podría haber reducido el mal del mundo sin reducir el bien en conjunto.

Esta es una versión del problema del mal mucho mas poderosa que la anterior, dado que la conclusión es mas modesta: “Es improbable que Dios exista”. La carga de la prueba es más ligera.

En respuesta a esta versión del problema del mal y el sufrimiento, convendría señalar tres puntos.

1. No estamos en disposición de decir que Dios carezca de buenas razones para permitir el sufrimiento en el mundo. El punto central del argumento evidencial, es que Dios no tiene buenos motivos para permitir el mal.

Cierto que mucho sufrimiento parece injustificado, No le vemos sentido ni necesidad. Pero, ¿es realmente injustificado o solo lo parece? ¿Tenemos garantía para pensar que porque el sufrimiento parezca injustificado y sin sentido lo sea de verdad? Llegar al fondo de la cuestión no parece estar a nuestro alcance. No estamos en una buena posición para dilucidar ese tipo de probabilidad con certeza. Somos seres limitados en inteligencia, en espacio y en tiempo. Pero Dios, ve el final de la historia desde el comienzo, y ordena providencialmente la historia para que llegue a un final que El desea pero a través de las acciones libres de los hombres. Y para un final de acuerdo a Sus objetivos, Dios puede muy bien tener que admitir una gran cantidad de sufrimiento en el camino. El dolor que dentro del marco de un tiempo limitado puede parecer como algo inútil, puede estar justamente permitido en el marco amplio del Ser Supremo. Veamos dos ilustraciones de este punto. La primera proviene de la Ciencia contemporánea.

En la llamada teoría del caos, los científicos han descubierto que ciertos sistemas a gran escala, como el sistema del tiempo atmosférico, o sistemas de poblaciones de insectos, son extraordinariamente sensitivos a la más minúscula perturbación. Una mariposa moviendo sus alas sobre una pequeña hoja de una jungla en el oeste de África puede provocar vientos que terminen en huracanes en el océano Atlántico. Aún así, es imposible en principio para nadie que observara a la pequeña mariposa palpitando sobre esa rama, el poder predecir tal resultado. Simplemente, no tenemos forma alguna de saber, como la alteración de lo que parece un evento insignificante puede alterar el mundo.

La segunda ilustración la extraemos de la cultura popular. La película “sliding doors” (dos vidas en un instante) protagonizada por Gwyneth Paltrow, cuenta la historia de una joven que se apresura por las escaleras para alcanzar el metro, y mientras se aproxima al tren, la película abre dos caminos diferentes que puede llevar su vida a partir de ahí. En una de sus vidas, las puertas del metro se cierran justo antes de que ella pueda entrar. En la otra, se las apaña para entrar en el tren antes de que las puertas cierren. Y basado en este evento aparentemente trivial, los dos caminos de lo que podrían ser sus vidas van divergiendo cada vez más. En una opción de vida, la protagonista es enormemente exitosa, prospera y feliz. En otra vida conoce el fracaso, miseria e infelicidad….todo por un segundo de diferencia que le permitió pasar a través de las puertas del tren. Y mientras ves la película no puedes dejar de preguntarte, cuantos otras innumerables trivialidades han estado implicadas para conducir a un desenlace u otro. Pero la parte más interesante del film, es su final. En la vida feliz y afortunada, la joven muere repentinamente en un accidente. En su otra vida mucha más desgraciada, la situación da un cambio, resultando al final ser la vida realmente buena.

Dada la complejidad de la vida, lo cierto es que no estamos en disposición de juzgar si Dios tiene razones suficientes para permitir que se den momentos de sufrimiento. Todo evento ocurrido, inicia una cadena de efectos a través de la historia, de tal manera, que las razones morales suficientes que Dios pueda tener para permitir que un mal ocurra, podrían no emerger hasta siglos después, puede que incluso en otro país. Solo un Dios omnisciente puede aprehender las complejidades de dirigir un mundo de personas libres hacia sus objetivos previstos. El ser humano, sobrepasado por la complejidad de estos hechos, cree ver sufrimiento gratuito. No se trata de apelar al misterio. No decimos que los caminos de Dios son misteriosos. Mas bien apelamos a nuestras inherentes limitaciones cognitivas como seres finitos, lo que nos imposibilita decir, al vernos confrontados con momentos de sufrimiento, que Dios probablemente no tiene buenas razones para permitir ese dolor.

Los no creyentes reconocen estas limitaciones en otros contextos. Por ejemplo, una de las objeciones decisivas a la teoría ética del “utilitarismo”, que dice que se debe perseguir la acción que suponga la mayor felicidad para el mayor número de personas, es que no tenemos idea en absoluto de las consecuencias ultimas de nuestras acciones. Un bien a corto plazo, puede a largo plazo conducir a un sufrimiento indecible, mientras que ciertas acciones que parecen desastrosas en un principio pueden resultar ser una bendición para la humanidad. Dado que no tenemos ni idea de qué es lo que traería mayor felicidad al mayor número de persona, esta opción es totalmente inútil para decidir opciones morales.

2. En relación con la totalidad de las evidencias, la existencia de Dios es probable.

Las probabilidades siempre son relativas a la información de los antecedentes. Por ejemplo, si alguien nos dice que Jose es un estudiante universitario, y se nos da la información como antecedente de que el 95% de los universitarios beben cerveza, en relación a esa información de que disponemos podríamos decir que es altamente probable que Jose beba cerveza. Pero luego, supongamos que se nos ofrece la información adicional de que José es un estudiante de la Universidad de Salamanca, y que el 90% de los estudiantes de esa universidad no beben cerveza. Entonces ahora, en relación con esta nueva información, la probabilidad de que José beba cerveza es altamente improbable. Así pues, las probabilidades son relativas a la información antecedente considerada.

Los ateos afirman que la existencia de Dios es improbable. Inmediatamente habría que preguntarles, ¿Improbable en relación con qué? ¿Cual es la información antecedente? ¿El sufrimiento en el mundo? Bien, pues si esa es toda la información considerada, no es sorprendente que la existencia de Dios parezca improbable en relación a ese único dato. Pero la pregunta interesante es si Dios es probable en relación con el conjunto completo de evidencias. Lo cierto, es que cualquier improbabilidad que el problema del mal en el mundo pueda suponer sobre la existencia de Dios, es largamente sobrepasada por los argumentos a favor de su existencia.

Consideremos el argumento moral. Mucho del sufrimiento del mundo consiste en mal moral. Hechos de maldad que las personas libremente realizan unas sobre otras. Pero podríamos entonces argumentar lo siguiente:

Si Dios no existe, los valores morales objetivos no existen.

El mal existe

Así pues, los valores morales objetivos existen.

Y así pues, Dios existe.

De modo que hay argumento a favor de la existencia de Dios, del hecho mismo del mal. Por ello, a un cierto nivel, el mal pone en cuestionamiento la existencia de Dios, pero a un nivel mas profundo supone una evidencia de la existencia de Dios mismo. En ausencia de Dios, el sufrimiento no es realmente algo malo. El ateo, piensa que el sufrimiento es malo, o que no debería existir, y al hacer eso está emitiendo juicios morales que solo tendrían sentido si Dios existe.

3. La fe cristiana entraña doctrinas que incrementan la probabilidad de la coexistencia de Dios y el sufrimiento. Es decir, que si el Dios cristiano existe, no es entonces tan improbable que el sufrimiento también exista. De hecho, resulta, que es mucho más fácil de abordar el problema del mal dado el concepto cristiano de Dios, que con una idea meramente abstracta y reducida de Dios. Recordemos algunas de estas doctrinas.

3.a. Por un lado, el propósito principal de esta vida no es la felicidad, sino el conocimiento de Dios. Una de las razones por las que el problema del sufrimiento nos resulta tan difícil, es que la gente tiende a asumir de un modo natural, que si Dios existe, su objetivo para la vida humana es alcanzar la felicidad en esta vida, y el rol de Dios es proveer un entorno confortable para sus mascotas humanas. Pero en la visión cristiana esto es falso. El propósito principal para el hombre es el conocimiento de Dios, que al final dará lugar a la felicidad última y la máxima realización. Mucho del sufrimiento en el mundo puede resultar completamente inútil en relación a producir felicidad humana en esta vida, pero puede no ser inútil en relación a dar lugar a un conocimiento mas profundo de Dios. El sufrimiento humano de inocentes proporciona una ocasión para una dependencia y confianza en Dios más profundas, bien por la parte de aquel que sufre o bien por la de aquellos que le rodean, y por supuesto, que el propósito de Dios sea conseguido a través del sufrimiento dependerá de cómo respondamos a él. ¿Respondemos con ira y amargura hacia Dios o recurrimos a Él con fe pidiendo fortaleza y poder para soportar la situación? Porque el último objetivo de Dios para la humanidad es que lleguen a conocerle, lo cual al final proporcionará felicidad al ser humano, la historia no puede contemplarse en su perspectiva más verdadera al margen del reino de Dios. El propósito de la vida humana es el reino de Dios. El deseo de Dios es atraer el mayor número de personas posible, libremente, hacia su Reino, y pudiera muy bien darse el caso, de que el sufrimiento sea parte de los medios por los que Dios atrae al ser humano en libertad a su Reino.

La lectura de libros como “Operación Mundo”, de Patrick Johnstone, revela que es precisamente en países que han soportado graves dificultades, que el cristianismo ha crecido a un ritmo mayor, mientras el índice de crecimiento en el indulgente mundo occidental es casi plano.

Por ejemplo, consideremos el siguiente informe tomado de “Operación Mundo”.

China: Se ha estimado que unos 20 millones de chinos perdieron sus vidas en la revolución cultural de Mao. Los cristianos se mantuvieron firmes ante lo que fue probablemente la persecución mas extendida y dura que la iglesia jamás haya tenido. La persecución purificó y contextualizó a la iglesia. Desde 1977, el crecimiento de la Iglesia en China no tiene paralelo en la historia. Los investigadores estiman que había entre 30 y 75 millones de cristianos en el año 1990. Ahora la estimación está entre 90 y 100 millones. Mao Zedong sin darse cuenta, se convirtió en el evangelista más grande de la historia.

El Salvador: Los 12 años de Guerra civil, terremotos, y el colapso en el precio del café, principal exportación de la nación, les empobreció. Más del 80% vive en extrema pobreza. Pero una sorprendente cosecha espiritual ha surgido en todos los estratos de la sociedad en medio del odio y la amargura de la guerra. En 1960, los evangélicos constituían el 2,3 % de la población. Hoy son un 20%.

Etiopia: Etiopia es un estado en shock. Su población lucha con el trauma de millones de muertes por la represión, la hambruna y la guerra. Dos grandes olas de violentas persecuciones refinaron y purificaron la iglesia, pero hubieron muchos mártires. Millones han venido a Cristo. Los protestantes eran menos del 0,8% de la población en 1960, pero para 1990 puede estar en el 13%.

Y pueden multiplicarse estos ejemplos. La historia de la humanidad, es una historia de guerra y sufrimiento. Y aun así, es también una historia de avance del Reino de Dios.

Así pues, el hecho de que un mundo que implique sufrimiento no es en absoluto improbable, es un mundo en el que Dios traerá en su forma óptima el mayor número de personas a un conocimiento del Dios mismo.

3.b. Segunda doctrina cristiana. La humanidad vive en estado de rebelión contra Dios y sus propósitos. En lugar de someterse a Él y adorarle, la gente se rebela contra Dios para seguir su propio camino, con lo que se alejan de Él, y se sienten moralmente culpables ante Dios, buscando a tientas en su oscuridad espiritual y persiguiendo falsos dioses de su propia manufactura. Terribles maldades humanas en el mundo dan testimonio de la depravación del hombre por ese estado de alienación espiritual de Dios. Más aún, existe un ámbito de seres más elevados que el hombre, también en rebelión contra Dios. Criaturas demoniacas, increíblemente malignas, en cuyo poder se encuentra la creación, que buscan destruir la obra de Dios y frustrar sus propósitos. El cristiano no se sorprende por ello de todo el mal moral que hay en el mundo, más bien al contrario, lo espera. Las escrituras nos indican que Dios ha renunciado al hombre que opta por el pecado que libremente ha elegido. Él no interfiere para detenerlo y permite que la depravación humana siga su curso. (Rom. 1. 24, 26, 28). Esto sólo sirve para aumentar la responsabilidad moral de la humanidad ante Dios, así como nuestra maldad y nuestra necesidad de perdón y de purificación moral.

3.c. El propósito de Dios no se limita a esta vida, sino que se derrama más allá de la tumba hacia una vida eterna. De acuerdo con el teísmo cristiano, esta vida no es más que una especie de vestíbulo estrecho y hacinado que se abre a la gran sala de la eternidad de Dios. Dios promete vida eterna a aquellos que depositan su confianza en Cristo como Salvador y Señor. Cuando Dios pide a sus hijos que soporten horribles sufrimientos en esta vida, es solo con la perspectiva de un gozo celestial y una recompensa que van más allá de toda comprensión. El apóstol Pablo se sometió a una vida de increíble sufrimiento que incluía males morales y naturales. Su vida como apóstol fue una vida marcada por "las aflicciones, penas, desgracias, golpes, encarcelamientos, tumultos, trabajos, vigilias, hambre…" (2 Cor.6:04 5). Aún así, escribió: Por tanto no nos desanimamos…pues este ligero y momentáneo momento de aflicción nos prepara para un intenso regalo de eterna gloria más allá de toda comparación, porque miramos, no aquello que puede ser visto, sino aquello que no lo es, pues las cosas que vemos son transitorias, pero las que no vemos, son eternas. (2 Cor. 4:16‑18).

Pablo vivió esta vida con la perspectiva de la eternidad. El entendió que la extensión de esta vida, siendo finita, es literalmente infinitesimal en comparación con la vida eterna que pasaremos juntos a Dios. Mientras mayor sea nuestro tiempo en eternidad, mas disminuirán los momentos de sufrimientos en esta vida hasta convertirse en infinitesimales. Es por ello por lo que Pablo denomino a los sufrimientos en esta vida “ligeros momentos de aflicción” No se trata de que fuera insensible a aquellos que sufren horriblemente en esta vida, al contrario, el fue uno de ellos. Sino que vio que esos sufrimientos simplemente eran abrumadoramente sobrepasados por el océano de felicidad y gloria que Dios da a aquellos que confían en Él. Pudiera muy bien darse el caso de que existiera maldad en mundo sin ningún valor terrenal en absoluto y que parece totalmente gratuito desde el punto de vista humano, pero que Dios permite simplemente porque recompensaría de un modo abrumador en la otra vida a aquellos que sufran tales males con fe y confianza en Dios.

4. Número cuatro. El conocimiento de Dios es un bien inconmensurable. El pasaje ya citado de San Pablo también sirve para este punto. Pablo imagina una balanza, en la que todos los sufrimientos de esta vida son puestos en un lado, mientras en el otro lado se coloca la gloria que Dios concederá a sus hijos en el cielo. Y el peso de la gloria es tan enorme, que sobrepasa más allá de toda comparación el del sufrimiento. Conocer Dios, el centro del bien y amor infinitos, es un bien incomparable, la realización de la existencia humana. Es para lo que fuimos creados. Los sufrimientos en esta vida no pueden siquiera compararse. Por ello, la persona que conoce a Dios, no importa lo que sufra, no importa cuán terrible pueda ser su dolor, puede aun decir honestamente “Dios es bueno conmigo”, simplemente en virtud del hecho de que él conoce a Dios, un Bien inconmensurable.

Estas cuatro doctrinas cristianas aumentan la probabilidad de la coexistencia de Dios y el mal en el mundo. Por ello, sirven para disminuir cualquier improbabilidad que el problema del mal pueda otorgar a la existencia de Dios.

Ahora bien, el ateo, puede responder en este punto que no tenemos ninguna razón para creer que estas cuatro doctrinas cristianas sean ciertas, pero con ello estaría intentando (una vez más) invertir quien tiene la carga de la prueba. Es el ateo el que afirma que el sufrimiento en el mundo hace improbable la existencia de Dios, con lo que es enteramente legitimo para el cristiano responder entonces, “no es improbable para el Dios cristiano”. El ateo tendría que demostrar que el Dios cristiano es improbable en relación al sufrimiento en el mundo. El ha de ser quien muestre, o bien que estas doctrinas son improbables, o mostrar que la existencia de Dios es improbable incluso aun con estas doctrinas. La carga de la prueba esta sobre las espaldas del ateo.

Así pues, y en resumen, el problema evidencial del sufrimiento, no tiene más éxito que la versión lógica del mismo. Requiere juicios probabilísticos que simplemente están mucho mas allá de lo que nuestras habilidades pueden hacer. Fracasa en tener en consideración el alcance y conjunto completo de las evidencias. Y finalmente, disminuye su fuerza cuando se considera al Dios cristiano.

Por ello, ni la versión lógica ni la versión evidencial del problema del mal llegan a buen puerto, el problema intelectual del mal, fracasa como prueba de inexistencia de Dios.

Ahora bien, al decir que fracasa, me refiero a un fracaso intelectual. La angustia del problema del sufrimiento y las insistentes dudas, pueden aun continuar. Y esto nos devuelve al problema emocional del sufrimiento.

La mayoría de la gente que sufre no experimenta un problema intelectual, sino uno emocional. (45:37)

El problema intelectual del mal

Para mucha gente, el problema del mal no es realmente un problema intelectual. Se trata de un problema emocional. Están dolidos en lo mas profundo de su ser, tal vez incluso sientan amargura contra un Dios que permite que ellos o sus seres queridos sufran de una manera. ¡Qué importa que haya soluciones filosóficas al problema del mal! A ellos no les importa eso y simplemente rechazan a un Dios que permite tal sufrimiento en el mundo. Es interesante notar cómo en los hermanos Karamazov de Dostoievski, en el que el problema del mal se presenta con tanta fuerza, éste se reduce a lo emocional. Ivan Karamazov nunca rechaza la solución cristiana al problema del mal. En cambio rechaza tener nada que ver con el Dios cristiano. Dice, "Prefiero permanecer con mi sufrimiento sin venganza y ni insatisfecha indignación, incluso si estoy equivocado” El suyo, es simplemente un ateísmo por rechazo.

¿Qué se puede decir a aquellos que luchan con ese problema emocional? En cierto sentido, lo más importante puede no ser lo que se diga. Lo más importante puede ser estar ahí dando amor y apoyo como el mejor de los amigos y el más comprensivo de los oyentes.

Pero muchos pueden necesitar consejo, y nosotros mismos tenemos que enfrentar este problema cuando sufrimos. ¿Ofrece el teísmo cristiano recursos para enfrentarse a ello?

Sin duda. El teísmo cristiano nos enseña que Dios no es un creador distante e impersonal, sino un padre que nos ama y comparte nuestros sufrimientos, que se duele con nosotros. Alvin Plantinga escribe:

En el modo de ver las cosas del cristiano, Dios no permanece de brazos cruzados, observando fríamente el sufrimiento de sus criaturas. El entra dentro y comparte nuestros sufrimientos. El soporta la angustia de ver a su hijo, la segunda persona de la trinidad, enviado amargamente a la muerte cruel y vergonzosa de la cruz. Algunos teólogos afirman que Dios no puede sufrir. Yo creo que están equivocados. La capacidad de sufrimiento de Dios, yo creo, es proporcional a su grandeza. Supera nuestra capacidad de sufrimiento de la misma manera que su capacidad de conocimiento supera la nuestra. Cristo estaba preparado para soportar las agonías del infierno mismo; y Dios, Señor del universo, estaba preparado para soportar el consecuente sufrimiento por la humillación y muerte de su hijo. Estaba dispuesto a aceptar ese sufrimiento con la finalidad de vencer al pecado, y a la muerte, y los males que afligen a nuestro mundo, y para conferirnos una vida mas gloriosa de lo que jamás podamos imaginar. De modo, que no sabemos por qué Dios permite el mal. Sabemos, sin embargo, que estaba dispuesto a sufrir por nosotros, a aceptar un sufrimiento del que no podemos formarnos una concepción.

Cristo soportó un sufrimiento más allá de toda compresión. Él cargó con el castigo por todos los pecados del mundo. Ninguno de nosotros puede comprender tal sufrimiento. Aunque Él era un inocente, pasó por ese incomprensible sufrimiento por nosotros. Y ¿Por qué? Porque nos ama. ¿Quien podría rechazarle a Él que lo dio todo por nosotros?

Cuando comprendemos su sacrificio y su amor por nosotros, el problema del mal se ve desde una perspectiva completamente diferente. Ahora vemos claramente, que el verdadero problema del mal, es el problema de nuestra maldad. Llenos de pecado y moralmente culpables ante Dios, la cuestión con la que nos enfrentamos no es cómo Dios puede justificarse ante nosotros, sino cómo podemos nosotros justificarnos ante Dios. Cuando Dios nos pide pasar por algún sufrimiento que nos parece inmerecido, inútil e innecesario, la meditación sobre la cruz de Cristo, puede ayudar a darnos la fuerza moral y el coraje necesarios para llevar nuestra propia cruz.

Así pues, paradójicamente, aunque el problema del mal es la mayor objeción a la existencia de Dios, resulta que al final, Dios es la única solución al problema del mal.

Si Dios no existe, estamos atrapados sin esperanza, en un mundo lleno de sufrimiento gratuito sin capacidad redentora alguna. Dios es la respuesta final al problema del mal, pues Él nos redime del mal y nos conduce al gozo infinito del Bien inconmensurable, la unidad con Él mismo.

Enlace a artículo en ingles.

http://www.bethinking.org/suffering/advanced/the-problem-of-evil.htm

Enlace al audio

http://www.rfmedia.org/av/audio/gracepoint-the-problem-of-evil-and-suffering/