2 nov. 2012

El redescubrimiento de la mente.



 El filosofo estadounidense William Lane Craig comenta sobre articulo publicado en la revista Newsweek  el pasado 8 de octubre del 2012.



 TRADUCCION:
Hace varios años, oí al neurólogo ganador del premio Nobel, Sir John Eccles dar una conferencia al Congreso mundial de filosofía en Dusseldorf, en Alemania, y Eccles acababa de escribir un libro con Sir Karl Popper, uno de los mayores filósofos de la ciencia en el S. XX, sobre el “yo” y su cerebro. Y el titulo es revelador, para Eccles y Popper el “yo” no es lo mismo que el cerebro.
El “yo”, o lo que era tradicionalmente llamado el “alma” es una sustancia mental personal inmaterial y el cerebro es un órgano material que se encuentra en nuestro cráneo. Y Eccles y Popper defendían lo que llamaban “interaccionismo dualista”: Que existe un “yo” inmaterial que utiliza al cerebro como instrumento para pensar, como lo expresaba Eccles, y compara la relación del “yo” con el cerebro con la de un pianista y su piano. El piano es un instrumento que el pianista utiliza para tocar música, y si el instrumento está dañado, digamos desafinado o con cuerdas rotas, entonces, claramente el pianista, aunque tenga la habilidad de tocar buena música, no podrá producir música porque el instrumento que usa para hacerlo está dañado o incapacitado. De un modo similar, Eccles dice que el “yo” y el cerebro están relacionados en ese modo. El cerebro es un instrumento que el “yo” utiliza para pensar, y por ello no es de extrañar que cuando el cerebro está dañado, estás confuso, o quizás intoxicado o drogado, el “yo” no podrá usar su instrumento para pensar clara y apropiadamente. En esta visión del “yo” y el cerebro, el hecho de que haya correlación entre estados mentales o estados de consciencia y estados del cerebro, no es realmente de extrañar, si el “yo” usa al cerebro como instrumento para pensar, es de esperar que haya correlaciones entre estados mentales y estados cerebrales. Y cuando los materialistas muestran que hay un estado cerebral que se corresponde con el estado mental de, digamos, ver una mancha amarilla, no es para nada sorprendente y difícilmente prueba que el materialismo sea cierto, que tu eres tu cerebro, que el “yo” no sea nada más que el cerebro, es de esperar ver estas correlaciones entre la mente y el cerebro.
Ahora bien, esta pasada semana o así, un doctor, un neurocirujano de la Escuela de Medicina de Harvard ha publicado un nuevo libro llamado “el cielo es real. La experiencia de un Doctor con el más allá.” en el que relata una experiencia cercana a la muerte mientras estaba en coma, y creo que arroja una visión empírica adicional sobre esta relación entre el “yo” y su cerebro. Fue primera página de la revista Newsweek, y permítanme leerles un extracto de esa historia. El nombre del hombre es Eben Alexander, y este es su testimonio. Dice “como neurocirujano, no creía en el fenómeno de experiencias cercanas a la muerte. Yo crecí en un mundo científico y me convertí en un neurocirujano académico, enseñando en la Escuela Médica de Harvard y otras universidades. Yo entiendo lo que ocurre en el cerebro cuando la gente está cerca de la muerte y siempre había creído que había buenas explicaciones científicas para esos viajes celestiales fuera del cuerpo, descritos por aquellos que por poco escaparon de la muerte. En Otoño de 2008, sin embargo,
En el otoño de 2008, sin embargo, después de siete días en estado de coma durante el cual se inactiva la parte humana de mi cerebro, el neocórtex, experimenté algo tan profundo que me dio una razón científica para creer en la consciencia después de la muerte.
Muy temprano por la mañana, hace cuatro años, me desperté con un dolor de cabeza muy intenso. En cuestión de horas, toda mi corteza cerebral, la parte del cerebro que controla el pensamiento y la emoción, y que en esencia nos hace humanos, se había apagado. Los médicos del Hospital General de Lynchburg en Virginia, un hospital donde trabajé como neurocirujano, determinaron que de algún modo había contraído una meningitis bacteriana muy poco frecuente que ataca sobre todo a recién nacidos. La bacteria E. coli había penetrado en mi líquido cefalorraquídeo y se estaba comiendo mi cerebro.
Cuando entré en la sala de emergencia esa mañana, mis posibilidades de sobrevivir a algo más que un estado vegetativo ya eran bajos. Pronto esas posibilidades pasaron a ser cerca de “inexistentes”. Durante siete días, estuve en un coma profundo, mi cuerpo no respondía, mis funciones cerebrales de orden superior totalmente desconectadas.
No hay explicación científica para el hecho de que mientras mi cuerpo estaba en estado de coma, mi mente, mi consciencia, mi “yo” interior estaba vivo y bien. Mientras que las neuronas de mi corteza estaban aturdidas hasta la completa inactividad por las bacterias que las habían atacado, mi consciencia libre del cerebro, viajaba a otra mayor dimensión del universo: una dimensión que nunca había soñado que existiera, y que mi antiguo “yo” anterior al coma, hubiera sido más que feliz en explicar era una simple imposibilidad.
Pero esa dimensión, a grandes rasgos, la misma descrita por un incontable número de sujetos de experiencias cercanas a la muerte y otros estados místicos, está ahí. Existe, y lo que vi y aprendí allí me ha colocado, literalmente, en un mundo nuevo: un mundo en el que somos mucho más que nuestros cerebros y cuerpos, y donde la muerte no es el final de la consciencia, sino más bien un capítulo de un vasto e incalculablemente positivo viaje.
No soy la primera persona en descubrir evidencia de que la consciencia existe más allá del cuerpo. Breves y maravillosos destellos de esta esfera son tan antiguos como la historia humana. Pero, hasta donde yo sé, nadie antes que yo ha viajado alguna vez a esta dimensión, A, mientras su corteza estaba completamente desconectada, y B, mientras que su cuerpo estaba bajo observación médica al minuto, como lo fue el mío durante los siete días completos de mi coma. Todos los argumentos principales en contra de experiencias cercanas a la muerte sugieren que estas experiencias son el resultado de un mal funcionamiento mínimo, transitorio, o parcial de la corteza cerebral. Mi experiencia cercana a la muerte, sin embargo, no tuvo lugar mientras mi corteza estaba funcionando mal, sino mientras estaba, simplemente, apagada. Esto se desprende de la gravedad y la duración de mi meningitis, y de la implicación global cortical documentada por escáneres de tomografía computarizada y exámenes neurológicos. Según la comprensión medica actual del cerebro y de la mente, no hay absolutamente modo alguno en que yo podría haber experimentado ni siquiera una consciencia débil y limitada durante mi tiempo en estado de coma, mucho menos la hiper-intensa y completamente coherente odisea que experimenté.
Si están interesados en leer sobre esa odisea, echen un vistazo al artículo de Newsweek o el libro de Eben Alexander.
Pero quería darles sus párrafos finales: El dice, “el hecho cierto es, que la imagen materialista del cuerpo y el cerebro como los productores, en lugar de los vehículos, de la consciencia humana está condenada al fracaso. En su lugar, una nueva visión de la mente y el cuerpo emergerá, y de hecho, está surgiendo ya. Este punto de vista es científico y espiritual en igual medida y valora lo que los más grandes científicos de la historia siempre han valorado por encima de todo: la verdad.
Esta nueva imagen de la realidad tardará mucho tiempo en establecerse. No ocurrirá en mi tiempo tiempo, ni incluso, sospecho, en el de mis hijos tampoco. Aún soy un hombre de ciencias, tanto como lo era antes de tener mi experiencia. Pero a un nivel más profundo, soy muy diferente de la persona que era antes, porque he vislumbrado esta emergente imagen de la realidad. Y puedes creerme cuando te digo que merecerá la pena cada gota de esfuerzo que nos supondrá a nosotros y a los que vengan después, para hacerlo bien.
El punto que quiero enfatizar no es la veracidad de su experiencia, eso no es lo importante aquí, no mantengo que él tuvo una experiencia verídica de la otra vida o que él en realidad hizo tal viaje…tal vez fue todo una ilusión de conciencia, un tipo de experiencia alucinatoria, eso no es lo importante, lo importante es que estos estados mentales de consciencia eran INDEPENDIENTES a los estados de su cerebro, que ni siquiera había una correlación como Eccles y Popper pensaban que tendría que haber. Aquí, sus funciones cerebrales estaban desconectadas, y aun así, su vida mental, su estado mental y consciencia estaban aun activos e intensos, y es esa desconexión lo que pensé que era tan importante, no la veracidad de la experiencia sino mostrar que existe una mente que funciona independientemente al estado del cerebro.
Cuando leí este testimonio, mi mente inmediatamente me llevó a un reciente libro que he leído de Thomas Nagel, el filósofo, llamado “Mente y Cosmos”, en el que el materialismo, el concepto de la naturaleza neodarwiniano es, casi con toda certeza, falso. Ahora, Nagel no es teísta, y mucho menos, cristiano, es ateo, de hecho, es algo así como un anti-teísta, él dice “No quiero que Dios exista”, no quiero vivir en ese tipo de mundo, quiere que el ateísmo sea cierto, y aun así, Nagel, igual que Eben Alexander está convencido que la imagen de la realidad del materialismo es fundamentalmente errónea y que no podemos tener en cuenta este mundo de un modo adecuado hasta que demos espacio a la mente y la consciencia como compañeros en igualdad en la realidad junto con el mundo físico. Permítanme leerles solo un par de párrafos de su libro. El expresa duda sobre si la realidad de tales características de nuestro mundo, como la consciencia, la intencionalidad, (eso es, “tratarse de algo”), el significado, el propósito, pensamiento y valor, puede ser acomodados en un universo consistente en el nivel más básico, de solo hechos físicos. Hechos que aunque sofisticados, son del tipo revelado por las ciencias físicas. O sea, que como filosofo, está convencido de que el fisicalismo o cualquier tipo de realidad que diga que no hay mente más allá de lo físico, no pueden responder adecuadamente por tales características del mundo como la consciencia, la intencionalidad, significado, propósito, pensamiento y valor.
El continua diciendo, en la página 35, “la consciencia es el obstáculo mas visible en un naturalismo integral que se apoya solo en las fuentes de las ciencias físicas. Si nos tomamos este problema en serio y hacemos un seguimiento de sus implicaciones, amenaza con desenmarañar la total imagen naturalista del mundo. Y luego, cerca del final del libro, en la página 128, dice: “Yo estaría dispuesto a apostar que el consenso actual, el consenso presente naturalista, materialista, fisicalista llegará a parecer irrisorio en una generación o dos, aunque, claro, puede que sea reemplazado por un nuevo consenso igual de invalido. La voluntad humana para creer es inagotable”. Y ese es el final del libro. Así que es tan intrigante que un filosofo y un neurólogo ambos hayan llegado a la convicción de que esta visión del mundo fisicalista y naturalista que prevalece en la sociedad académica occidental es fundamentalmente errónea, fatalmente errónea y se acabará en la próxima generación. ¿No sería increíble si viviéramos en un tiempo en el que el naturalismo y el reduccionismo fisicalista está en sus últimos momentos a pesar de que parece ser el paradigma dominante en la academia occidental , la nueva generación vería el desenmarañamiento de este paradigma naturalista . Así que, pensé que eso era extremadamente interesante y proporciona material para reflexión.